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2. LA CONSERVACIÓN DEL ARTE RUPESTRE AL AIRE LIBRE: UN DESAFÍO FORMIDABLE. 2ª PARTE: SEGUIMIENTO DEL DETERIORO. PREVENCIÓN. INTERVENCIÓN. CONCLUSIONES

Seguimiento del deterioro

Es evidente que antes de hablar de deterioro hay que comprobar que éste existe. No basta con impresiones subjetivas, que pueden ser engañosas; es imprescindible disponer de datos.

Hay que partir de la base de que los procesos erosivos se dan siempre, pero sus efectos no se manifiestan de un modo continuo y las escalas temporales a las que lo hacen suelen ser extremadamente largas. No podemos predecir a partir de los datos que obtengamos cuando va a producirse un desprendimiento, por ejemplo, ni cuál será su tamaño. Aquí nos encontramos con un primer problema: no es posible controlar el estado y la evolución de todos los lugares con arte rupestre. Su número lo hace inviable por motivos logísticos, presupuestarios, etc.

Así pues será preciso proceder a realizar una selección de los lugares a monitorizar. Habrá que elegir un número razonable de ellos, basándonos en criterios de carácter general, tales como la geología, climatología, régimen hídrico, etc., sin perder de vista que la selección realizada ha de ser representativa tanto desde el punto de vista arqueológico como estadístico.

El método a utilizar ha de ser lo más simple que podamos idear y a ser posible basado en normas estándar, al objeto de que los datos sean comparables. No hay pues que olvidar que en el planteamiento general del trabajo es imprescindible diseñar el procedimiento de gestión de los datos obtenidos.

Aquí cabe de nuevo señalar que no es necesario acudir a procedimientos informáticos sofisticados. Una simple hoja de
cálculo servirá.

Un procedimiento sería comenzar realizando un estudio exhaustivo de los lugares elegidos, estudio que debería incluir datos acerca de la geología, climatología, régimen hídrico, análisis de pigmentos y soporte, flora (macro y microscópica) y fauna (sobre todo invertebrados). Simultáneamente debe levantarse un mapa de daños observados en el abrigo, que nos servirá para decidir si es preciso intervenir y con que grado de urgencia.

Este estudio debería en principio revelarnos cuales son los principales factores de deterioro que afectan al lugar, lo que a su vez nos indicará cuales son los parámetros a medir para efectuar un seguimiento efectivo del deterioro si lo hay.

En el caso de que esta investigación preliminar no revele ninguna pauta concreta, se debería continuar midiendo datos que en cualquier caso serán útiles, tales como temperatura y humedad ambiente, temperatura y humedad de la superficie rocosa, régimen pluviométrico, etc. Algunos de estos datos pueden obtenerse de la Agencia Estatal de Meteorología, de las Confederaciones Hidrográficas o en algunos casos de los propios Ayuntamientos.

Para obtener los datos, hay dos alternativas: la recogida manual de los mismos o la recogida automática. Ambas tienen ventajas e inconvenientes, partiendo de la base de que en algunos casos, por ejemplo el análisis químico de los pigmentos y del sustrato, no hay alternativa al procedimiento manual con toma de muestras.

Un procedimiento manual implica el desplazamiento periódico al abrigo, con una frecuencia como mínimo mensual, de un equipo que debe estar constituido al menos por dos personas, de donde se deduce que si el número de lugaresseleccionados es elevado, las necesidades de personal y equipamiento será importante, aunque el costo de la instrumentación necesaria no es relevante y puede ser manejada por personal sin formación específica. Tiene el inconveniente de que el registro obtenido no es continuo y la ventaja de que se pueden obtener muchos más datos.

La recogida automática de datos, parece la solución ideal, pero no está exenta de inconvenientes. El costo de una estación es elevado (fuente de alimentación, data logger, y sensores y la propia instalación de la misma) y no siempre existen sensores adecuados para los parámetros que deseamos medir, ni se pueden instalar todos los que serían precisos para un buen seguimiento. Una desventaja es que si la instalación no funciona, no se sabe hasta que se recogen los datos. Por el contrario, nos releva de visitas frecuentes en el tiempo (basta con una visita cada 3 ó 4 meses).

Nosotros hemos utilizado ambos métodos. Las estaciones automáticas funcionan bien pero dan problemas, como por ejemplo la localización de la fuente de alimentación (paneles
solares) o el mecanismo de almacenamiento (baterías) aparte de hechos anecdóticos, como es el caso de los cables de conexión de una de las estaciones en el barranco del Mortero (Alacón) que son roídos periódicamente por algún visitante de cuatro patas. Con estas estaciones hemos obtenido datos climáticos y térmicos de seis abrigos a lo largo de los últimos siete años, que nos han permitido averiguar cómo funciona la roca desde el punto de vista térmico, el régimen de vientos en el interior del abrigo, etc.

Hemos iniciado recientemente la toma de datos manual (desde el mes de febrero de este año) en el abrigo de Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz). Desde entonces hemos girado cuatro visitas en las que hemos medido parámetros ambientales (temperatura y humedad relativa) y parámetros de la superficie rocosa (temperatura, humedad de la superficie, temperatura de rocío y probabilidad de condensación) mediante instrumentos no invasivos tomándose en total unos 200 datos por visita. En síntesis, los resultados obtenidos parecen indicar que la temperatura superficial está relacionada con la temperatura ambiente y que se estratifica de arriba abajo. Con respecto a la humedad superficial en la roca, parece estar relacionada con la pluviometría y con la temperatura de la roca. Su comportamiento, en este abrigo, no es uniforme. Hay una zona más húmeda y no parece que se trate de humedad por capilaridad, ya que el conjunto del abrigo está bastante seco y el suelo tiene menos humedad que la pared (Fig. 1).
Fig. 1.- Zona húmeda del abrigo de Val del Charco del Agua Amarga.
Se realizaron también termografías de la superficie del abrigo con resultados sorprendentes. La termografía es una técnica que mide la temperatura de una superficie e indirectamente puede detectar la presencia de humedades. La teoría es que si hay agua y ésta se está evaporando, esa zona estará más fría que el resto de la superficie. Nuestra intención era obtener una fotografía del estado térmico de todo el abrigo y por ende de la humedad, además de las medidas discontinuas que habíamos obtenido con el resto de la instrumentación utilizada.

Las termografías no detectaron diferencias de temperatura asociadas a humedades, lo que implica que el agua contenida en la roca no se estaba evaporando.

En las termografías se apreciaban no obstante puntos más calientes que el fondo de la roca. Un examen más detenido de estos puntos reveló que correspondían a lugares en los que la capa más superficial de la roca se estaba desprendiendo del núcleo de la misma. (Fig. 2). La técnica revela la existencia de desplacaciones tanto de tamaño mediano (Fig. 3) como de pequeña dimensión (Fig. 4). De confirmarse este resultado, la termografía podría constituirse en un buen método para detectar alteraciones de la roca.
Fig. 2.- Diferencia de temperatura entre la laja en fase de desprendimiento y el bloque rocoso.


Fig. 3. Diferencia de temperatura entre una laja en fase de desprendimiento y el bloque rocoso (foto dentro del abrigo).


Fig. 4. Pequeñas descamaciones.

Otro resultado interesante fue que los lugares en los que se había intervenido fijando las desplacaciones mediante mortero de cal, se comportaban térmicamente como la roca compacta, lo que parece indicar que el tratamiento fue el adecuado además de eficaz. (Fig. 5 y 6).
Fig. 5. Laja sellada con mortero de cal. No hay diferencia en el comportamiento térmico.

Fig. 6. Otra laja sellada con mortero de cal.

Para confirmar estos indicios, vamos a tratar de simular en laboratorio todo este proceso. En este momento estamos tratando de terminar de diseñar el montaje experimental, del que esperamos tener resultados en el año próximo.

Finalmente, se estudiaron también las eflorescencias que aparecen en el abrigo, cuyo análisis por DRX reveló la presencia de sulfatos de magnesio en distintos grados de hidratación: en concreto se identificó hexahidrita y epsomita. Estas sales se hallarán probablemente en un cierto equilibrio para unas determinadas condiciones de temperatura y humedad de la roca, pero si estas condiciones se alteran de un modo importante, puede producirse el paso de una sal a otra, lo que implica un cambio de volumen del orden del 230%. En este momento hay pocas eflorescencias y el registro fotográfico no revela variaciones al menos a simple vista, lo que hace pensar que los movimientos del agua tampoco son muy importantes aunque lo hayan sido en el pasado.

Volviendo al método de seguimiento, como se ha señalado antes, ha de ser sencillo. La termografía, de confirmarse estos resultados, podría ser parte del mismo. Otro camino que parece prometedor es la fotografía multiespectral, sobre todo si conseguimos asociar imágenes y alteraciones. 


Prevención

Poco es lo que podemos hacer en este campo. Nos enfrentamos a fenómenos naturales que no podemos modificar ni controlar y ni siquiera sabemos bien como actúan. Solamente en algunos raros casos tendremos alguna posibilidad y desde luego dependerá del abrigo y su entorno.

Podremos, por ejemplo desviar escorrentías debidas a la lluvia, bien creando barreras, bien generando vías de evacuación alternativas.

Otro aspecto en el que, al menos en teoría se puede intervenir es en la prevención de incendios, eliminando la vegetación existente alrededor del abrigo en un área, cuya extensión se puede determinar, en función de la carga de fuego. No obstante, habida cuenta que muchos abrigos o conjuntos de abrigos se localizan en áreas protegidas desde Medio Ambiente, casi con toda seguridad entraríamos en conflicto con sus legislaciones específicas. 

Si el conflicto se resolviese, no hay que olvidar dos aspectos: si la vegetación en el entorno más próximo al abrigo es muy densa, su eliminación total implicaría un cambio notable en las condiciones del mismo (más insolación, variación de las temperaturas y de la humedad, etc.) con lo que antes de proceder a la tala habría que evaluar las consecuencias de la misma. En segundo lugar serían precisas labores periódicas de mantenimiento del área deforestada. 


Intervención

A nadie se le escapa que la situación ideal es no intervenir sobre el arte rupestre, pero hay ocasiones en las que la no intervención no es una alternativa.

Los soportes rocosos se degradan a todas las escalas, desde la fracturación en grandes bloques, con la consiguiente amenaza de derrumbe, hasta el desprendimiento de escamas causadas muy probablemente por criptoeflorescencias. Hay ocasiones pues en que la inacción puede llevar a la desaparición de la obra de arte.

Por supuesto, si se decide intervenir, la acción o acciones que se emprendan deben ser muy meditadas y llevadas a cabo exacerbando los criterios de mínima intervención, reversibilidad, etc. Si la intervención es a escala mayor que la del propio abrigo, es preciso estudiar los cambios que podría causar en la insolación, humedad, etc., antes de llevarla a cabo.

En nuestra experiencia, la sujeción de pequeñas placas, mediante mortero de cal ha sido eficaz. Harina de otro costal es sujetar bloques de gran tamaño, lo que implicaría el correspondiente proyecto de ingeniería.

Las operaciones de limpieza, que en algunos casos han sido discutidas, no generan ningún riesgo para la pintura. No tenemos ningún indicio científico que nos permita suponer que produzcan alguna alteración sobre el soporte o la pintura, lo que es lógico, ya que sólo se emplea agua. Tanto la roca como los pigmentos son insolubles. El compuesto más soluble de las rocas en las que habitualmente se hallan las pinturas es el carbonato cálcico. En laboratorio, una esfera de 1mm. de diámetro tarda varios meses en disolverse en agua, estando sometida a lavado continuo. En la naturaleza, donde el aporte de agua es ocasional, el período de tiempo necesario se incrementa en varios órdenes de magnitud.

La utilización del láser como herramienta de limpieza que en ocasiones se ha propuesto, tiene el inconveniente de que cambia el color de algunas rocas. Habida cuenta de la inhomogeneidad de los soportes de los que estamos hablando, el resultado puede ser lastimoso.

Más peligrosa puede ser la eliminación de líquenes, hongos, mantos bacterianos, etc. Si se tratan de eliminar mediante biocidas, no sabemos cómo interactuarán esos productos con el soporte o la pintura, e incluso puede darse el caso de que eliminada una o varias especies, el nicho que queda libre sea ocupado por otras resistentes a los biocidas utilizados.

La limpieza mecánica dañará inevitablemente al soporte, sin garantizar que no haya nuevos crecimientos.


Conclusiones

Del análisis de todo lo que antecede, se deduce que nos hallamos ante un problema de extremada complejidad. Podemos hacer un listado de las causas que originan o pueden originar el deterioro, pero tenemos información sólo de algunas y aun de éstas nuestro conocimiento es incompleto. Por otra parte muchas de ellas son causas naturales sobre las que no podemos intervenir.

Un primer paso imprescindible es conocer el estado del abrigo o grabado, elaborando un mapa de alteraciones observadas y partiendo de él, preparar un método de seguimiento. 

Diseñar un método de seguimiento es complicado por varias razones. La primera es nuestro escaso conocimiento como se ha señalado antes, lo que implica que no sabemos bien que controlar. En segundo lugar es preciso diseñar un sistema simple, ya que si no los aspectos logísticos y económicos del seguimiento lo hacen inviable. En mi opinión, de todo lo que se ha ensayado (que no es mucho) la fotografía multiespectral es la técnica que más perspectivas ofrece, a la espera de la validación de los resultados de la termografía.

La conservación preventiva se puede aplicar en pocos casos y exige, en cuanto la escala supera la del abrigo, estudios detallados para prever sus consecuencias.

En cuanto a la intervención, que por supuesto ha de ser adecuada y meditada, es inexcusable en aquellas ocasiones en que la obra de arte tenga un riesgo evidente de daño irreversible.

La bibliográfia de este tema es tan importante que la publicamos en una nueva entrada. 















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