miércoles, 4 de marzo de 2026

LAS REPRESENTACIONES INFANTILES DE MANOS EN EL YACIMIENTO DE LA FUENTE DEL TRUCHO (ASQUE-COLUNGO, HUESCA)

Sergio Ripoll López y Francisco J. Muñoz Ibáñez 
Departamento de Prehistoria y Arqueología de la UNED
III Congrés Internacional d’Història dels Pirineus. Actes i comunicacions
La Seu d’Urgell – Andorra la Vella, juny 2017.
Sant Julià de Lòria: Institut d’Estudis Andorrans, 2019, p. 693–798


Introducción
    Las distintas superficies decoradas de la cavidad han sido encuadradas en XXII paneles genéricos que engloban una mayor o menor cantidad de figuras que a su vez tienen un estado de conservación variable. Actualmente el inventario provisional arroja una cantidad de 140 figuras a las que ahora añadimos otras 4. Las representaciones más numerosas en La Fuente del Trucho son las siluetas de manos (30%), seguido por las series de puntos organizadas que suponen un (10%), a continuación se encuentran los équidos (7,85%) y el resto de figuras tienen una menor representatividad.
Vista de la estación de la Fuente del Trucho
    De las cuarenta y nueve manos encontradas en la cueva de la Fuente del Trucho, salvo seis manos negativas pintadas en negro, el resto de las representaciones se realizan con ocre rojo. En este congreso nos centraremos en el conjunto de las tres pequeñas manos pintadas en negro, sin duda pertenecientes a dos niños de corta edad y a un adulto. Las paralelizaremos con siluetas actuales y aplicaremos una metodología puntera basada en el Índice de Manning para establecer su género.
    Las campañas de documentación en La Fuente del Trucho (Asque–Colungo, Huesca), se iniciaron en el año 2000 a raíz de una visita al yacimiento. Inmediatamente se estableció un convenio de colaboración entre el Laboratorio de Estudios Paleolíticos de la UNED y el Museo de Huesca y a su vez procedimos a solicitar el correspondiente permiso y subvención al Servicio de Patrimonio Arqueológico, Paleontológico y Parques Culturales de la Diputación General de Aragón.
   En un principio nos adaptamos a la cuadrícula aérea establecida en la cavidad inmediatamente después del descubrimiento para localizar todas las figuras que se habían localizado a principios de los años 80. A continuación, y partiendo de este elenco preliminar, iniciamos una documentación sistemática de todas las superficies para poder proceder al tratamiento digital de las imágenes y averiguar si todas las figuras identificadas estaban correctamente clasificadas, e intentar comprobar si existían nuevas representaciones. Hemos desarrollado tres breves campañas de documentación en las que se realizaron unas 1200 fotografías digitales y analógicas directas que se traducen en casi 7000 imágenes tratadas digitalmente. 
Preparación de la cueva para las sesiones fotográficas 
   Durante los trabajos pudimos comprobar que la estructura aérea no era del todo fiable ya que con el paso del tiempo se estaba moviendo y destruyendo: por eso optamos por delimitar paneles que se correspondieran con accidentes físicos de la cavidad y de esta forma rehacer todo el proceso de documentación adaptándolo a la nueva metodología.
    Las distintas superficies decoradas de la cavidad han sido encuadradas en XXII paneles, que hemos descrito en otros trabajos y aquí únicamente nos centraremos en el panel xv, que es el que contiene las representaciones de las que nos ocupamos en este estudio.

Panel xv
   Es un panel muy complejo situado en la zona central del techo de la cavidad. La superficie que contiene las distintas representaciones tiene 360 cm. de longitud por 230 cm. de anchura con un buzamiento negativo de 12º hacia el sur y una orientación de 90º con respecto al norte absoluto. Este panel no tiene una delimitación clara ya que gran parte del mismo está
oscurecido por una espesa capa negra posiblemente una mezcla de humo, humedad y manganeso, que sin duda enmascara gran cantidad de figuras. Hasta que no se
proceda a la limpieza sistemática, no creemos oportuno cerrar los límites de este complejo panel que se asocia con las antiguas cuadrículas G-8 y H-8.
Planta del yacimiento con la distribución de los distintos paneles decorados
   Desde el fondo de la cueva hacia fuera, en primer lugar hallamos varias manchas tanto de ocre rojo como de ocre amarillo que de momento no configuran ninguna representación. A continuación hay dos siluetas de manos en negativo realizadas en ocre rojo oscuro. Una de ellas se trata de una mano zurda dispuesta hacia el interior de la cueva mientras que la otra es una mano diestra también orientada hacia el fondo de la cavidad. Superpuestos a la primera de ellas aparecen varias series organizadas de puntuaciones que adoptan una forma semicircular o de segmento de círculo. Seguidamente y desplazándonos un poco hacia el exterior se aprecian gran cantidad de puntuaciones organizadas que pueden individualizarse en tres conjuntos principales y varias decenas de puntos aislados. Una de estas series se superpone a una de las tres manos en negro ubicadas más hacia el exterior. Son las únicas siluetas de manos, casi todas ellas muy pequeñas, y hechas en negro frente a las del resto de la cavidad que están confeccionadas en ocre rojo de distintas tonalidades. En una zona próxima a la visera que delimita el panel por la parte exterior hallamos otra mano izquierda en negativo orientada hacia el fondo de la cueva. La altura desde el suelo a las manos negras es de 140 cm. mientras que la distancia a la mano roja descrita en primer lugar es de 180 cm.
Foto directa de la zona objeto de este trabajo con las manos descritas y las series de puntuaciones que se superponen a las mismas
    La sorpresa surgió al redactar este texto y al analizar con diferentes filtros informáticos y algoritmos específicos las imágenes que teníamos de esta zona. De las tres manos originales pintadas en negro, hemos pasado a 6 y hemos añadido una más en ocre rojo.
Realmente las nuevas manos negras son parciales ya que sólo se conservan alguno de los dedos, al estar recubiertas por el halo negro de las otras manos más recientes. También nos ha sorprendido una silueta -invertida con respecto al resto- que parece responder a una mano en positivo pintada. Como hacemos habitualmente describiremos las siluetas de izquierda a derecha y de arriba abajo.

Mano nº 1
   Pequeña mano con un halo negro de 18 cm. de longitud por 18 cm. de anchura, ligeramente inclinada hacia la izquierda en un ángulo de 33º. 
Se trata de una mano izquierda en la que todos los dedos salvo el nº 1 (pulgar) están replegados. Como veremos luego ha habido numerosas hipótesis sobre manos supuestamente mutiladas. Nosotros pensamos que es una ocultación intencional de las segundas y terceras falanges. La primera no se puede ocultar y siempre está presente. Hemos hecho una exhaustiva medición tanto de la longitud como la anchura de cada uno de los dedos, comprobando la circunstancia que antes comentábamos sobre la flexión de los dedos. En el caso del pulgar, con 3,1 cm. De longitud, pensamos que es un poco corto, pero puede deberse a la postura e inclinación de la mano en el techo y que el halo haya recortado la silueta del dedo ya que debería tener una longitud de unos 4 cm.
Medición de la mano 1
  Las experimentaciones que estamos llevando a cabo desde hace años con las manos paleolíticas, nos ha permitido recopilar una base de datos de más de 24.000 ejemplares de todas las edades y de ambos sexos. Nuestra sorpresa fue que al superponer en el calco la silueta de la mano de una niña (Daniela) de 8 años, únicamente teníamos que rotarla para ajustarla a la mano prehistórica y pudimos comprobar que coincidía al 99% en todas las medidas salvo en la longitud del dedo pulgar. En esta mano no podemos aplicar el índice de Manning para diferenciar si se trata de una mano masculina o femenina ya que los dedos 2 y 4 no tienen toda su longitud. Hemos probado a superponer una mano masculina de un niño de la misma edad y tanto la anchura de la palma como la de los dedos es mayor que en el caso de la niña. También lo hemos intentado con varones más jóvenes y tampoco coincide. Por lo tanto estamos plenamente convencidos que se trata de una mano izquierda femenina de una niña de 8 años.
Medición de las mano 2 y 3
Mano nº 2
  Esta segunda mano es totalmente inédita e inesperada ya que está realizada con una técnica poco común en el arte rupestre. Generalmente las manos en positivo se realizan impregnando la mano con pigmento líquido y luego aplicándola en la superficie. Sin embargo, ésta aparece pintada bastante burdamente. Tiene 11 cm. de longitud desde el inicio de la palma hasta el final del dedo 3 (anular) y 10 cm. de ancho y está invertida con respecto al resto de las que aquí describimos.
    Aparentemente se ha querido representar una mano izquierda ya que el dedo 1 (pulgar) aparece claramente destacado a la izquierda de la figura. El problema es que esta mano tiene seis dedos. Es probable que primero se pintara el óvalo central, correspondiente a la palma y de ahí se pintaron los trazos que representan los dedos. No podemos afirmar si se trata de una mano masculina o femenina, aunque aparentemente la longitud del dedo 2 y 4 son similares y por lo tanto correspondería a una fémina.

Mano nº 3
   Esta tercera mano también es nueva. En realidad es un resto de una mano ya que únicamente conserva 3 dedos, el 1, 2 y 3. Se trata de una mano derecha ya que se distingue con claridad el dedo 1 (pulgar). Está oculta bajo el halo de las manos
nº 1 y nº 4 y es difícil medir el halo que le corresponde. Tiene un buzamiento de 69º hacia la izquierda. Se trata aparentemente de otra mano infantil ya que el dedo 1 (pulgar) tiene una longitud de 3,5 cm. No podemos afirmar si se trata de una mano masculina o femenina ya que no se distingue el dedo 4, pero por el ancho de los dedos que se encuentra entre 1 y 1,2 cm. parece que se podría tratar de una niña.
Medición de la mano 4
Mano nº 4
    Esta mano en negativo ya era conocida desde el descubrimiento de la cavidad en 1979. Se trata de nuevo de una mano infantil o juvenil, aunque lo que la caracteriza es la forma en que está representada. La silueta recuerda un puño cerrado ya que todos los dedos están encogidos y el dedo 5 (meñique) está totalmente oculto. El único dedo evidente es el dedo 1 (pulgar). Tiene un halo de 18 cm. de anchura y 25 cm. de longitud, con un buzamiento de 38º hacia la izquierda. Por el ancho de la palma, de 8,8 m. pensamos que tiene que pertenecer a un niño o a una niña a algo mayor que el de la mano nº 1 ya que al estar encogida la mano, sin duda al extenderla sería un poco más grande. Por otra parte la longitud del dedo 1 (pulgar) nos indica que tiene que ser un joven de unos 15–17 años.

Mano nº 5
    Esta mano también conocida de antiguo era la que estaba situada más hacia la derecha del conjunto. Se trata de una mano derecha en la que el halo de color negro mide aproximadamente unos 25 cm. de longitud y 20 cm de anchura con un buzamiento de 41º hacia la izquierda. En esta silueta todos los dedos están replegados salvo el dedo 1 (pulgar). El dedo 2 (índice) parece que está desplegado pero la longitud de 5,6 cm. no parece corresponderse con una medida de un dedo completo que debería rondar los 7 cm. Tanto la anchura de la palma (12 cm.) como la longitud del dedo completo (5,2 cm.) así como la anchura de los dedos replegados nos lleva a pensar que se trata de un adulto, sin poder afirmar si es femenino o masculino.
Medición de las manos 5 y 6
Mano nº 6
    Esta mano de reciente descubrimiento aparece en el extremo derecho del conjunto. Es difícil de ver ya que se encuentra en parte tapada por el halo negro de la mano nº 5 y sin embargo es la más completa de todas ya que todos los dedos son evidentes. Posee un halo negro de 13 cm. de longitud y 10 cm. de anchura con un ligero buzamiento de apenas 15º hacia la izquierda. El estado de conservación no nos permite medir el ancho de la palma pero sí podemos hacerlo con la longitud y anchura de cada uno de los dedos. El dedo 1 (pulgar) apenas alcanza los 2,8 cm. de longitud que si lo comparamos con el dedo 1 de la mano nº 1, se aproxima bastante. También la anchura de los dedos en torno a 1,5 cm. nos hace pensar que también pueda tratarse de una mano infantil. No se puede comparar con aquella ya que en este caso los dedos están juntos frente a la otra que los presenta separados, pero es muy probable que se trate de la misma mano femenina ya que la longitud de los dedos 2 y 4 es prácticamente idéntica.

Mano nº 7
    Por último y también como novedad presentamos una mano inédita, situada a unos 30 cm. más hacia la boca de la cavidad. Esta silueta está pintada en ocre rojo con un halo de 30 cm. de longitud y 26 cm. de anchura con un buzamiento de 35º hacia la izquierda. Es una mano en la que se distinguen con claridad los cinco dedos. El dedo 1 (pulgar) es el que está peor conservado, mientras que los dedos 2, 3 y 4 se caracterizan por la gran longitud de los mismos que en el caso del dedo 4 (anular) alcanza los 9 cm. (en como la de un varón adulto actual, la media es de 7,8 cm.). El dedo 5 (meñique) aparece en una posición forzada con respecto a los otros dedos. Hemos intentado replicar esta silueta y hemos constatado que la posición no es natural. Cuando la mano está sobre el soporte rocoso, hay que desplazar el dedo meñique con la otra mano para lograr ponerlo en esa posición. La diferencia de longitud entre los dedos 2 y 4 (este último, más largo) nos muestra que se trata de una mano masculina de un adulto. Se trata de un varón de gran estatura ya que la longitud del dedo 4 nos indica que debería medir alrededor de 1,82 metros.
Medición mano 7
    Como síntesis de las manos halladas en la Península Ibérica, podemos concluir que de las cuarenta y nueve manos encontradas en la cueva de la Fuente del Trucho, salvo cinco manos negativas pintadas en negro, el resto de las representaciones se realizan con ocre rojo. Este predominio del color rojo se constata también en el resto de representaciones que podemos encontrar tanto en España como en Francia. En España de las doscientas setenta y una manos identificadas, sin contar las dos supuestas manos de La Pasiega y las dieciséis de Santián, la tonalidad que predomina es la ocre rojo (95,57%) con varias tonalidades, seguidas por las 11 manos con el halo de color marrón (4,05%) de la cueva de la Garma. Con una coloración poco frecuente, encontramos las 4 (1,47%) manos en ocre violáceo de la cueva de Altamira y pintadas con una técnica mixta, única en el arte rupestre paleolítico, hallamos las 3 siluetas-improntas (1,10%) de la cueva de Maltravieso. Por último y con una escasa representatividad, están las 4 manos negras aisladas (1,47%) de la cueva de Ardales y las cinco de la Fuente del Trucho (1,84%). 
    En el país vecino, no se mantiene esta relación, ya que de las trescientas cuarenta y dos manos donde se ha podido identificar el color, ciento veintisiete (37,13%) son de color rojo, doscientas cinco (59,94%) de color negro. Siete se realizan con ocre marrón (2,04%), dos con ocre rojo amarillento (2,04%) y una última mano es de color blanco (0,29%). 
    En Francia se ha podido determinar en trescientas cuarenta y dos representaciones la técnica con que fueron elaboradas. De éstas, trescientas treinta y cuatro (97,66%) son negativas y tan sólo ocho (2,33%) son manos positivas.


Diferentes hipótesis de las manos mutiladas
    La hipótesis de las manos con alteraciones patológicas fue defendida sobre todo por A. Salhy (1966, 1969) basándose en una primera idea de H. Breuil y H. Obermaier. Ante todo hay que explicar que para este autor la idea de los dedos flexionados estaba llena de dificultades, ya que la posición de algunas manos suponen difíciles contorsiones. Sin embargo este investigador, con su formación médica, proponía un amplio catálogo de enfermedades (una quincena) a cual más rara (como puede ser la trombo-angeiitis obliterante, tipo síndrome de Raynaud) para explicar la ausencia de determinadas partes de los dedos. Parece raro que en determinadas zonas, sobre todo de los Pirineos franceses, se concentraran en un momento más o menos dilatado de tiempo todas las enfermedades de las extremidades superiores, teniendo en cuanta su escasa o nula repartición actual aun contando con condiciones climáticas adversas, una nutrición deficiente o incluso con la consanguinidad.


    G. H. Luquet en 1938 propuso en una amplia revisión bibliográfica de las mutilaciones digitales que éstas se podían dividir en dos grandes grupos: por un lado las mutiladas por motivos mágico-religiosos (prácticas de duelo, profilaxis contra las enfermedades y la muerte, ritos de paso o ritos propiciatorios) o bien por motivos mucho más profanos como pueden ser medios de reconocimiento tribal, mutilaciones ligadas al "esclavismo", castigo de delitos, etc.
    Para A. Leroi-Gourhan (1964) esta teoría con paralelos etnográficos en países en los que algunas viudas se cortan las falanges a la muerte de su compañero, se refleja en la bibliografía prehistórica como una curiosa costumbre paleolítica debiéndose posicionar las manos mutiladas dentro del capítulo del folklore científico.
    Nosotros, siguiendo a este último investigador, con el que no estamos de acuerdo en todos sus postulados, pensamos que unos cazadores–recolectores–pescadores y oportunistas de hace unos 20–30.000 años pudieron en algún caso amputarse los dedos para obtener un mayor rendimiento cinegético, pero el hecho de que se repita como un acto consuetudinario no se corresponde con un concepto de economía precaria. Podemos pensar en la existencia de algún tipo de mutilación casual bien por causas mecánicas o por congelación de alguna de las falanges, pero el hecho de que se repita en ámbitos geográficos tan dispares nos induce a pensar en otras causas mucho menos "sangrientas" para explicar su ausencia, como puede ser la existencia de un código o lenguaje críptico por signos.
    Todas las hipótesis a propósito de las manos mutiladas han hecho correr ríos de tinta sin que ninguna de ellas por sí misma pueda explicar de una manera concreta los hechos observados. Por otro lado la novedosa aportación descubierta en Maltravieso (Ripoll et alii, 1999), sobre la ocultación intencional del dedo meñique, introdujo una nueva variable que habrá que estudiar más extensamente no sólo referida a esta cavidad sino también a las restantes.
  Todas éstas son cuestiones que sin duda no tienen una clara solución y que permanecen como otro más de los misterios interpretativos de este arte dejado por nuestros antepasados.
    En el marco de las actividades del Laboratorio de Estudios Paleolíticos (lep) hemos intentado reproducir todas las combinaciones de manos que hay documentadas en el suroeste de Europa. Lo hemos hecho con aerógrafo bucal, con pigmento soluble al agua y en distintas posiciones para comprobar que el halo se adapta a la silueta de la mano. Hemos podido comprobar que TODAS las manos conocidas se pueden realizar con la integridad de la mano. Cuando falta alguna falange es que se han replegado la segunda y la tercera. En las manos prehistóricas siempre está presente la primera falange.

Cronología
   Desde un punto de vista cronológico pensamos que pueden haber existido varios momentos de plasmación de imágenes, fundamentados precisamente en la diversidad de convenciones y su posición en la estratigrafía iconografía.
    Por un lado estaría el amplio repertorio de manos en negativo realizadas en ocre rojo que posiblemente y basándonos en los paralelos existentes en otras cavidades, algunas de ellas datadas objetivamente, puedan ser encuadradas en un horizonte cultural Gravetiense.
    Según la propuesta cronológica del arte rupestre paleolítico de A. Leroi–Gourhan (1966), las manos en negativo, relativamente aisladas, pueden atribuirse a distintos períodos. En la cueva de Gargas (Ariège, Francia) se encuadran entre los estilos ll y lll al igual que otras manos como las del Castillo en Cantabria o como las de Pech-Merle (Lot, Francia). Algunas aisladas, como las de Font-de-Gaume o las de Les Combarelles (Perigord, Francia), podrían situarse en el estilo IV antiguo.
    Las dataciones por C14 han supuesto una revolución para establecer una cronología del arte rupestre, ya que con una mínima muestra se puede conseguir una fecha de gran fiabilidad. En este sentido contamos con las dataciones de 27.110 ± 390 (GIF A 92 409) y 26.360 ± 400 (GIF A 92 349) B.P. para una de las manos negativas negra (MR7) de la Grotte Cosquer (Marsella, Francia) (Clottes et alii, 1992).
    A lo largo de la historia de la investigación de la Grotte de Gargas (Hautes–Pyrénées) diversos autores propusieron la hipótesis de que las manos y las series de grabados pudieran ser contemporáneos, teniendo en cuenta que las figuras incisas habían sido encuadradas por sus paralelos en objetos de arte mueble en un horizonte cultural perigordiense superior o gravetiense (Nougier, 1984). Pero recientemente esta cueva ha entrado a formar parte de las estaciones con figuras rupestres datadas por métodos físico-químicos. A pesar de que algunas manos negativas están pintadas con el halo de color negro, el análisis de pigmentos demostró que éstas se habían realizado con manganeso (Clot, Menu y Walter, 1995) y por tanto no podían ser fechadas. Pero recientemente, al volver a revisar la cavidad pirenaica se produjo el sensacional hallazgo de unas pequeñas esquirlas de hueso en una de las grietas de la cueva muy próxima a una de las manos situada en el panel iv de la sala I. Una vez analizados estos restos óseos mediante el acelerador de partículas se obtuvo una datación de 26860±460 bp (gifa92369) (Clottes et alii, 1992).
    De forma indirecta poseemos otra datación radiométrica, en este caso para la cueva de la Fuente del Salín (Cantabria). Esta cueva tiene una unidad temática restringida a representaciones de manos y el yacimiento hallado en el interior de la cavidad sólo posee un nivel arqueológico. Precisamente en este estrato se encontró un hogar que fue datado en 22340±510 /480 bp (GrN18574) (Moure Romanillo y González Morales, 1992). Si tenemos en cuenta que se trata de un conjunto cerrado se puede inferir que el hogar estuvo encendido cuando se pintaron las manos y por lo tanto la fecha de las mismas debe de ser similar a la del hogar.
  Dado que existen otras dataciones radiocarbónicas que encuadran este tipo de manifestaciones en estadios iniciales del Paleolítico Superior y que las manos siempre aparecen por debajo de otras representaciones, es factible considerar una cronología antigua para las manos de la Fuente del Trucho, posiblemente un Gravetiense. 
  Por otra parte pensamos que el conjunto de grabados del panel XXII posee una cronología similar. Desde el punto de vista estilístico, con un grabado profundo, escasez de detalles, etc., creemos que debe ser situarse en el estilo ii de A. Leroi-Gourhan y por lo tanto en un horizonte cultural de inicios del Paleolítico Superior.
   El resto de representaciones, es decir los zoomorfos e ideomorfos pintados en ocre rojo, dadas las convenciones estilísticas que presentan algunos de ellos, pico de pato, M ventral, despieces detallados, ausencia de determinadas partes del cuerpo intencionalmente omitidas, movimiento, etc., nos inclina a atribuirlos a una fase avanzada del paleolítico Superior en un estilo IV de Leroi–Gourhan y por lo tanto asimilable a un solutrense final o magdaleniense inicial. 
    Por último y de forma aislada tenemos el conjunto de tres manos pintadas en negro y las series de puntos organizados que aparecen en la parte superior de la estratigrafía iconográfica. Posiblemente haya que asociar estas representaciones a la fase final antes descrita ya que las series de puntuaciones organizadas en algunos casos adoptan la configuración de ideomorfos de carácter masculino que cronológicamente se encuadran en el sistema cronológico de A. Leroi–Gourhan en el estilo IV reciente.
    El establecer un marco cronológico para la cueva de la Fuente del Trucho, resulta complejo, precisamente por la ausencia de determinadas superposiciones que por lo menos nos permitan hacer un encuadre estilístico. En definitiva, comprobamos que existe un primer momento encuadrable en el gravetiense. Posteriormente se documentan otras pictografías cuya cronología es aún más imprecisa si cabe, aunque creemos que se posicionaría en un momento transicional entre el solutrense final y el magdaleniense inicial. 
    Hay varias dataciones de las excavaciones llevadas a cabo hace unos años con una gran variabilidad pero dentro de los márgenes que proponemos para la mayor parte de las representaciones de manos. Por otra parte mucho más reciente ha sido la publicación de los resultados de las dataciones de las series de uranio de este mismo yacimiento que sin embargo a nosotros nos parecen demasiado antiguas, como en general las obtenidas por este método. Esperamos que en un futuro próximo las técnicas de datación avancen sustancialmente y permitan la posibilidad de fechar otros materiales que no sólo sea el carbón.

Conclusión
    A lo largo de las páginas precedentes hemos podido apreciar la calidad e importancia de las representaciones de la cueva de La Fuente del Trucho, fundamentalmente de manos. Esta significación viene dada no sólo por el hecho de hallarse aislada en una zona geográfica carente por el momento de otras estaciones con representaciones superopaleolíticas. Esperamos que en breve las autoridades de la Comunidad Autónoma de Aragón consigan resolver los problemas administrativos relacionados con la cavidad y podamos proseguir y concluir el estudio de esta excepcional cavidad. El análisis de la documentación fotográfica con la que contamos y la aplicación de algoritmos específicos nos está aportando gran cantidad de nuevas figuras que nos habían pasado desapercibidas con anterioridad. No se trata sólo de nuevas representaciones de manos, sino de abundantes zoomorfos.

Relación bibliográfica
Baldellou, V. «El descubrimiento de los abrigos pintados de Villacantal en Asque (Colungo, Huesca)». Cuadernos de Prehistoria y Arqueología Castellonenses, Castellón de la Plana, 6, (1981) p. 31–39.
— «Los abrigos del río Vero». Revista de Arqueología, Madrid, (1982) p. 15–28.
— «El arte rupestre postpaleolítico en la zona del río Vero, Huesca». Ars Praehistorica iii–iv
(1984-1985) p. 111–137, 21 figuras.
— «Memoria de las actuaciones de 1988 y 1989 en la zona del río Vero (Huesca)». Arqueología Aragonesa, 1988–1989 (1991), p. 13–18.
— «Memoria de las actuaciones de 1992 en la zona del río Vero (Huesca)». Arqueología
Aragonesa (1992), p. 11–13.
— «Memoria de las actuaciones de 1991 en la zona del río Vero (Huesca)». Arqueología Aragonesa, 1994, págs. 11–14.

Baldellou, V. y A. Mir. «Informe sobre la excavación de la Cueva de la Fuente del Trucho (Asque–Colungo, Huesca)». Arqueología Aragonesa, 1984, (1986) p. 9–10.

Beltrán Martínez, A. y Baldellou, V. «Avance al estudio de las cuevas pintadas del Barranco de Villacantal». Altamira Symposium. Madrid, 1980, p. 131–140.

Beltrán Martínez, A. Arte paleolítico en Aragón. Historia de Aragón. Zaragoza, 1985, p. 17.
Los parques culturales y el arte rupestre en Aragón. Zaragoza, 1989.
El arte parietal Paleolítico naturalista de los cazadores y recolectores aragoneses. Arte Prehistórico en Aragón. Zaragoza, 1993, p. 29–37.

Clot, A.; Menu, M. y Walter, Ph. «Manières de peindre des mains à Gargas et Tibiran (Hautes-Pyrénées)». L’Anthropologie, París, t. 99, (1995), p. 221–235, 9 figuras.

Clottes, J. y Courtin, J. La Grotte de Cosquer. Peintures et gravures de la caverne engloutieParís: Editions du Seuil / Ministère de la Culture et du Patrimoine, 1994, 199 p. y 191 figuras.

Clottes, J.; Courtin, J.; Valladas, H.; Cachier, H.; Mercier, N. y Arnold, M. «La Grotte Cosquer datée». Bulletin de la Socièté Préhistorique Française, París, t. 89 (1992), p. 230– 234, 2 figuras.

Hoffmann, D.L., Utrilla, P., Bea, M., Pike, A.W.G., García-Díez, M., Zilhao, J. y Domingo, R. «U-series dating of Palaeolithic rock art at Fuente del Trucho (Aragón, Spain)». Quaterly International, 432 (2017), p. 50–58

Leroi Gourhan, A. Les religions de la Préhistoire (Paléolithique). París: Presses Universitaires de France (Mythes et Religions), 1964, 154 p., 16 figuras.
Préhistoire de l´art occidental. París, Mazenod, 1965, 482 págs., 802 fis., con láminas y cuadros.
— «Cronología del Arte Paleolítico». Actas del VI Congreso Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas. Roma, 1966.
Símbolos, Artes y creencias de la Prehistoria. Madrid: Itsmo, 1984, p. 403-449, con fis. y cuadros. III Congrés Internacional d’Història dels Pirineus.

Luquet, G. H. «Sur les mutilations digitals». Journal de Psychologie Normale et Pathologique35 (1938), p. 548–598.

Mir, A. 1987. «Memoria de la quinta campaña de excavaciones en la Cueva de la Fuente del Trucho, (Asque-Colungo, Huesca)». Arqueología Aragonesa, (1985), p. 19–21.
— «Los grabados parietales paleolíticos del yacimiento de la Cueva de la Fuente del Trucho, Asque (Huesca)». Ir Congrès Internacional de Gravats Rupestres i Murals. Lleida, 1992, p. 147–153, 1 fiura.

Moure Romanillo, J.A. y González Morales, M.R. «Datation 14C d’une zone décorée de la grotte Fuente del Salín en Espagne». International Newsletter on Rock Art, Foix, 3 (1992), págs. 1–2.

Nouguier, L.R. Premiers éveils de l’homme. Art, Magie, Sexualité dans la Préhistoire. París,
Lieu Commun, 1984.

Ripoll López, S. et alii. Maltravieso. El santuario extremeño de las manos. Cáceres: Consejería de Cultura y Patrimonio, Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Extremadura, 1999, 168 p. 116 fiuras y catálogo.

Sahly, A. Les mains mutilées dans l’art préhistorique. Túnez: Maison Tunisienne de l’édition, 1966, 318 p., 127 figuras.
Le probléme des mains mutilées dans l’art préhistorique.Túnez: Maison Tunisienne de l’édition, 1969, 320 p.., 128 fiuras.

Valladas, H. et al. «Direct radiocarbon dates for prehistoric paintings at the Altamira, El Castillo and Niaux caves». Nature, 357 (1992) p. 68–70.


















LOS HABITANTES PALEOLÍTICOS DE LA FUENTE DEL TRUCHO

LOS HABITANTES PALEOLÍTICOS DE LA FUENTE DEL TRUCHO

Este trabajo es un fragmento de la ponencia que presentó Pilar Utrilla Miranda en los Cursos de Verano de la UNED de Barbastro del año 2007,  de titulo ¿Quiénes pintaron?: los habitantes del río Vero en el Somontano Oscense: del Paleolítico  Superior al Calcolítico.

La Fuente del Trucho se sitúa en el barranco de Villacantal en la margen izquierda del río Vero a 20 minutos de su cauce permanente y junto a la fuente que le da nombre. Se trata de una cueva poco profunda, con una gran boca de 22 m. de ancho orientada al SE, que da acceso a una amplia sala de 24 m. de profundidad dividida en dos lóbulos disimétricos. Esta cueva, que ya había sido visitada por exploradores de la Sierra de Guara como Pierre Minvielle, se dio a conocer al mundo científico en 1978 cuando un equipo del Museo de Huesca y de la Universidad de Zaragoza, dirigido por Vicente Baldellou, descubrió la existencia de pinturas. Este lugar, tras dudar entre otros nombres como “Espluga da Ventaneta”, pasó a denominarse la Fuente del Trucho, en alusión al agujero existente sobre la gran boca y a la fuente que mana cerca de ella.

El estudio de sus manifestaciones gráficas comenzó a realizarse en los años ochenta por parte de V. Baldellou y A. Beltrán, quienes publicaron los primeros avances; después, en los noventa, Baldellou trabajó con R. Viñas, realizando minuciosos calcos, algunos todavía inéditos; finalmente, a partir del 2000, Baldellou está ultimando la documentación fotográfica con S. Ripoll, F.J. Muñoz y P. Ayuso.

Las excavaciones de su ocupación arqueológica fueron realizadas durante los años 80 por A. Mir sobre los niveles musterienses (1) y por P. Utrilla y L. Montes en 2005 en los del Paleolítico Superior, momento al que hay que asignar las pinturas y los grabados. Concretamente se ha trabajado en la misma zona que P. Utrilla sondeó ya en 1980, al pie de los grabados exteriores, donde la presencia de un nivel fuertemente brechificado le obligó a paralizar la cata tras haber obtenido algunas laminillas de dorso que descartaban la ocupación musteriense y daban indicio de la presencia de un Paleolítico Superior. Un segundo sondeo se ha realizado en la zona interior, en este caso bajo un panel de pinturas con signos trilobulados, manos y un cáprido. En ambos casos, se ha trabajado en áreas periféricas con respecto a la gran cata de la excavación musteriense (1) de A. Mir que se ha respetado intacta a la espera de la memoria de sus cinco campañas de excavación. No obstante, se ha cuadriculado la zona a excavar siguiendo el punto cero y prolongando las coordenadas de la excavación de A. Mir. Jorge Angás ha realizado un excelente plano topográfico tomando 2500 puntos de suelo y techo, con curvas de nivel a 10 cm. y directoras a 40 cm, situando con extrema precisión no sólo los materiales de la zona excavada  sino también las pinturas y grabados de las paredes (Fig. 1).



Fig. 1. Planta del suelo de la Fuente del Trucho con indicación de las zonas excavadas en 2005 al pie de los grabados (izquierda) y pinturas (derecha). En trama la cata musteriense de Anna Mir de los años 80.


Existen dos zonas bien definidas en la Fuente del Trucho: el panel exterior de los grabados, en posición vertical y a la luz del sol, y la zona de pinturas, ubicada en el interior en semipenumbra. El panel de grabados, en el lóbulo menor de la caverna al pie de la oquedad circular que da nombre  a la cueva, permite reconocer en posición central una gran figura de oso, hecho un ovillo en posición de hibernada, una cabeza de un segundo oso y dos zarpas del mismo animal. A la derecha se reconocen dos cabezas de caballo y una de cérvido, posiblemente un reno, enmarcado entre los dos équidos.
La cronología, basada en los temas del bestiario y en el estilo de las figuras, es difícil de precisar: la técnica de grabado, exterior, tosco y de trazo profundo, nos lleva a una cronología antigua, gravetiense; el tema de los osos y sus zarpas nos recuerdan modelos franceses del otro lado de los Pirineos (existe una zarpa similar en Niaux) o de santuarios exteriores cantábricos (Venta de Laperra, por ejemplo), pero la asociación de caballos y renos (si el cérvido lo fuera) es un tema recurrente del Magdaleniense avanzado, tal como se documenta en las cuevas de Trois Frères, Tito Bustillo o Las Monedas. En los sondeos practicados al pie de los mismos P. Utrilla y L. Montes han localizado algunas hojitas de dorso paleolíticas y varias cubetas subcirculares excavadas en el suelo las cuales han sido datadas por radiocarbono de comienzo de la ocupación musulmana en la zona. Los escasos elementos líticos de época paleolítica (hojitas de dorso), tanto convienen  a un gravetiense como a un magdaleniense por lo que no sirven para precisar la datación de los grabados
El segundo lóbulo, en un ambiente de penumbra, presenta sus paredes y techo cubiertos con pinturas, la mayoría de color rojo. El suelo presenta la roca desnuda en una gran parte de la sala, a excepción de la zona central y la pared de la derecha, bajo los signos trilobulados. En este lugar realizamos en 2005 los sondeos arqueológicos que vamos a comentar. El sondeo afectó a 9 m2 de superficie pero la excavación sólo entregó niveles revueltos en los 50 primeros cm. de profundidad sondeados. La presencia de rebaños en la cueva y de sus pastores (que les han abierto paso entre los sedimentos) así como las extracciones de tierra fértil para abonar los huertos cercanos, ha podido provocar  la remoción total de los niveles e incluso el vaciado de los mismos.


No tenemos por tanto datos estratigráficos en Fuente del Trucho pero sí una gran cantidad de datos tipológicos que nos aportan los materiales obtenidos. Se han obtenido 268 piezas retocadas de sílex, de las cuales 136 encajan en momentos del Paleolítico Superior y 151 lo harían en el Paleolítico Medio. En esta etapa se observa el dominio de las raederas, especialmente simples y transversales seguidas de una presencia aceptable de denticulados y de cuchillos de dorso. Los tipos Quina, carenados y con retoque escaleriforme, acaparan casi la mitad de las raederas transversales (Fig. 2).

Fig. 2. Raederas dobles convergentes y transversales tipo Quina de la ocupación musteriense.

El inventario tipológico de las piezas atribuibles al Paleolítico Superior entrega una preferencia por los raspadores planos (14 casos) acompañados de los carenados (8) y de los de hocico (4), lo que nos lleva a sugerir, junto a la existencia de algunas láminas estranguladas, la presencia de gentes auriñacienses en el yacimiento, vinculadas quizá a las pinturas de manos y series de puntos (Fig. 3).
 

Fig. 3. Piezas de tipología atribuible a un Paleolítico Superior Inicial.

Los tipos nucleiformes entregan 9 ejemplares todos ellos de muy pequeño tamaño, sobre núcleos agotados. Los perforadores aparecen en 4 piezas, dos de ellos múltiples, casi en estrella, del tipo habitual en el Magdaleniense. Los buriles diedros se detectan en 7 casos claros y en 8 los trabajados sobre truncadura, uno de ellos múltiple (3 facetas en golpes laterales) sobre las dos truncaduras, al estilo de los buriles de Noailles, a pesar de que su gran tamaño y el espesor de la pieza no permiten clasificarlo estrictamente como tal.
Las puntas y láminas de dorso aparecen en 21 ejemplares destacando alguna punta de la Gravette y microgravettes, una punta de Vachons y dos pequeñas puntas con pedúnculo central destacado que conviene más al tipo Teyjat (de pedúnculo corto y pequeños retoques abruptos) que al perigordiense de la Font Robert (de pedúnculo largo) 12 hojitas de dorso, algunas de ellas de truncadura oblicua completan el Grupo Perigordiense. Las láminas de retoque simple aparecen en 15 piezas, algunas de ellas de tipo estrangulado e incluso de tipo “auriñaciense” a las que hay que añadir 4 piezas esquilladas (écaillées) de forma cuadrangular, bastante frecuentes en momentos del Paleolítico Superior Inicial. Se han computado 7 piezas denticuladas (dos de ellas gruesos pics) con morfología que recuerda más al Paleolítico Superior que al Medio, aunque es francamente difícil discriminar entre ambos.
La industria ósea recogida en este sondeo ha entregado un fragmento de azagaya de sección subcircular un fragmento de diáfisis de sección longitudinal con extremo redondeado y pulido, muy similar a un ejemplar aparecido en el gravetiense de Reclau Viver (Rueda, 1987, 231, fig. 2.2) y dos curiosas piezas que no merecen una clasificación tipológica pero que pudieran revestir cierto interés: una esquirla ósea quemada “tallada” en forma de punta de pedúnculo y un fragmento alargado de diáfisis que presenta adherido a su fuste un elemento cortante en forma de hojita. Un dentalium es el único elemento de adorno detectado en esta zona
   En cuanto a la presencia de gentes solutrenses en el yacimiento queda refrendada por la aparición de dos puntas de escotadura de tipo Parpalló, una de ellas casi completa e idéntica en su tipometría a las halladas en la vecina cueva de Chaves (Fig. 4, nº 13 y 14). A ellas debe sumarse la presencia de un fragmento de punta de retoque plano. (Fig. 5, nº 11).
Fig. 5: Puntas de dorso (7, 8, 15), de escotadura (9 y 10), de retoque plano (11) puntas pedunculadas (12 y 13), dorso+truncadura oblicua (14), perforadores múltiples (16) buriles diedros (17 y 18) y microrraspadores (19 y 20).

En cuanto a la fauna recogida en el yacimiento, una primera determinación de Fernanda Blasco ha entregado una mayor presencia de sarrio, algo de cabra y caballo, bastante más de conejo y contadas piezas de jabalí (dos restos) y zorro (sólo uno), junto a la existencia de diversos tipos de aves. Es decir, especies de roquedo y bosque llamando la atención la ausencia, por el momento, de ciervo, tantas veces representado en las pinturas levantinas de su entorno y que constituye el animal más cazado en otros yacimientos prepirenaicos supuestamente contemporáneos como la Arbreda E y D, Castell sa Sala, Bora Gran o Roc de la Melca (Estévez, 1987). La mayor presencia  de sarrio, por otra parte, recuerda el dominio de este animal en el nivel Magdaleniense Medio de la cueva de Abauntz (Arraiz), en el Prepirineo navarro.
En resumen, el material revuelto del sondeo efectuado al pie de los signos trilobulados nos indica lo siguiente:
1.    Existe realmente un claro asentamiento musteriense en la cueva de la Fuente del Trucho clasificable, al menos en nuestro material revuelto, como un Musteriense charentiense de tipo Quina. En nuestra opinión, las clasificaciones iniciales de V. Baldellou y A. Mir que detectaron niveles musterienses en el yacimiento eran correctas, descartando en cambio las complicadas atribuciones de “preludio badeguliense” para explicar las fechas recientes (Mir y Salas, 2000).
2.    Existe una presencia real de gentes del Paleolítico Superior Inicial, ya sean auriñacienses (raspadores carenados y de hocico, láminas estranguladas) o gravetienses (puntas de dorso, piezas esquilladas, quizá algunos buriles múltiples sobre truncadura). A ellos conviene la tipología de la mayoría de las pinturas (manos y series de puntos, quizá los grabados exteriores) la fecha de 20800±100  BP que ha entregado una sola muestra de fauna de nuestra excavación y quizá la fecha en torno al 22000 que registra la Unidad Arqueológica 3 de la excavación de Mir
3.  Se documenta también el solutrense por sus fósiles directores (piezas de retoque plano y puntas de escotadura), siendo significativa la similitud de estas últimas con las existentes en la cueva de Chaves, datadas en un 19700 BP, en concordancia con la fecha del 19000 que entregó la excavación del nivel l de Anna Mir. La mayoría de los caballos pintados en rojo podrían corresponder a este momento de ocupación
4. No hay que descartar tampoco la presencia de gentes magdalenienses en la Fuente del Trucho, ya que, junto a la existencia de muy buenos buriles diedros y de truncadura, (comunes por lo demás a otras épocas) se rastrean algunas piezas características. Así raspadores diminutos totalmente circulares propios de la vertiente francesa que, junto a otros unguiformes y las citadas puntas de Teyjat, recuerdan momentos del Magdaleniense Superior-Final; o dos perforadores múltiples, casi en estrella o dos raclettes (no demasiado concluyentes) que irían mejor con momentos más antiguos. Una fecha de TL obtenida sobre un raspador craquelado por el fuego ha dado 13244±945 (MADN-4624) fecha demasiado amplia pero que sirve para confirmar la presencia magdaleniense en el yacimiento. El caballo con despiece en M que recientemente se ha publicado (Ripoll et alii, 2005) (convención que nosotros a simple vista y sin tratamiento digital de imágenes no hemos conseguido ver), reforzaría esta hipótesis.

Una propuesta cronológica para la Fuente del Trucho
En nuestra opinión, el arte parietal de la Fuente del Trucho se enmarca en momentos antiguos del arte paleolítico. En un primer horizonte arcaico, adscribible a un gravetiense, o incluso al auriñaciense a la espera de la datación de las costras que recubren las manos, habría que incluir las representaciones de manos rojas y quizá también las negras, si se aceptara su infraposición a las series lineares de puntos, tema que está en discusión. Estas series, ya sean lineares o complejas y los signos pareados asociados a ellas, no deben separarse demasiado de esta cronología, a juzgar por su posición en el primer horizonte de Llonín y en los paneles arcaicos de la parte terminal de la Garma.
Sería también antigua la cabrita, asociada a manos rojas, según la datación por TL y Uth de ejemplares similares procedentes de la Garma y Pondra. Por la misma razón pudieran ser también arcaicos los signos trilobulados del mismo panel, aunque  no se descarta que éstos pudieran ser posteriores si el trilobulado ojival se superpusiera al caballo listado, algo difícil de precisar.
Entre los caballos, podrían catalogarse en torno al Solutrense medio los dos invertidos que se representan en el panel XII y el de morro alargado del panel VII, con base  en la ausencia de detalles, la curva cervicodorsal muy marcada y la convención de las patas en líneas paralelas abiertas, de acuerdo con la secuencia de Parpalló.
En el último horizonte, del Solutrense Final, se representaría el friso de los caballos listados con despieces y detalles bien marcados todos ellos con similar aire de familia (paneles IV, VI y VII de la numeración de Ripoll y Baldellou).
Todas estas etapas cronológicas tienen su representación en la cultura material que ha entregado la excavación del yacimiento. Es mas, las únicas dataciones absolutas que se poseen, tanto las procedentes de la excavación de Anna Mir, de 22460±150 y 19060±80, como las nuestras (20800±100 y 13244±945) convienen a la perfección a los momentos propuestos para las pinturas. Estaríamos de este modo ante un asentamiento del Paleolítico Superior Inicial al Sur de los Pirineos en una ubicación intermedia entre el poderoso foco de Seriñá en Gerona (La Arbreda, Reclau Viver) y los yacimientos de la Costa Cantábrica, entre los que destaca la cueva del Castillo, con su muy antigua cronología. El yacimiento de la Fuente del Trucho sería así un punto clave en la ocupación de la Península por el primer hombre moderno.
En suma, la cueva de la Fuente del Trucho ha sido visitada reiteradamente por el hombre paleolítico a lo largo de más de 30.000 años: desde el hombre de Neandertal, que no pintó en ella pero sí vivió miles de años, hasta el hombre moderno, quien vivió y pintó durante el Paleolítico Superior Inicial (manos, signos y series de puntos), el Solutrense (caballos) y con dudas en el Magdaleniense (a la espera de comprobar visualmente el caballo con despiece en M).
No cabe duda de que el lugar donde se ubica la Fuente del Trucho pudo tener un carácter especial, sagrado, durante toda la Prehistoria, ya que, como caso excepcional en la Península, se concentran en el mismo barranco el arte paleolítico citado y el arte levantino y esquemático de Arpán, abrigo situado en el mismo barranco a tan sólo 15 minutos a pie de la Fuente del Trucho.
(1). "La industria lítica recuperada por A. Mir en sus excavaciones de los años 70/80, y que con anterioridad había encuadrado en el tecnocomplejo musteriense (Baldellou y Mir 1986; Mir, 1987), chocan con las dataciones AMS efectuadas sobre conjuntos de esquirlas óseas procedentes de aquellas excavaciones, y que le han llevado a modificar sus propuestas de adscripción cultural. Sendas fechas del 19060±80 BP (Unidad Arqueológica 1) y 22460±150 BP (Unidad Arqueológica 3) son ahora explicadas como “unas industrias arcaizantes del Paleolítico Superior, con perduraciones técnicas musterienses, que podrían incluso enlazar con el posterior tecnocomplejo badeguliense” (Mir y Salas 2000: 31). En recientes artículos ya hemos comentado esta anomalía, que atribuimos en parte a la selección de los materiales datados (esquirlas óseas muy dispersas innecesariamente agrupadas con posterioridad en una sola muestra datada por AMS) y a la posible presencia entre ellas de restos de ocupaciones posteriores a la neandertal (Utrilla y Montes, 2007; Montes, Utrilla y Martínez-Bea, 2007). En nuestra opinión la industria lítica de este yacimiento, al menos la que hemos podido consultar en publicaciones y en el propio Museo de Huesca,  es indudablemente musteriense (en su tecnología y en su tipología) mientras que las dataciones concuerdan sospechosamente con las representaciones parietales de esta cavidad,  atribuibles a estas fechas por temática y estilo: las manos, series de puntuaciones y quizá los grabados exteriores cabrían en torno al 22000, mientras que los caballos del estilo II y III del interior encajarían mejor con el 19000BP.
La aparición de una serie de hasta 4 perforaciones, interpretadas primero como encajes de postes (Mir 1987: 20) y posteriormente como pequeños hogares y cubetas recipientes para calentar líquidos (Mir y Salas, 2000: 15) podría explicar estas anomalías ya que se describe que dos de ellas aparecen en los cuadros L2 y J2 (Baldellou y Mir, 1986: 10), cuadros de los que procede parte de la muestra de la Unidad Arqueológica 3, que ofrece la data en torno al 22000 BP (Mir y Salas, 2000:14). La composición del nivel más reciente (LBB) admite la percolación de restos posteriores de forma prácticamente natural dado el carácter suelto de su sedimento formado por bloques angulosos".
Esta nota sobre el trabajo de Mir y Salas hay que leerla con detenimiento, pues aclara y pone de manifiesto la opinión de la autora y de otros investigadores sobre las posibles industrias arcaizantes de las  gentes del Paleolítico Superior que pasaron por la Fuente del Trucho. 
Después del periodo veraniego tenemos la intención de publicar en este Blog, algunas ponencias o parte de ellas, de los cursos de verano relacionados con la Prehistoria que se han impartido en la UNED de Barbastro estos últimos años. 
Barbastro, septiembre 2013. 



ABRIGO DEL FORAU DEL COCHO. ESTADILLA

ABRIGO DEL FORAU DEL COCHO. ESTADILLA

ARTE RUPESTRE EN ARAGÓN (1998-2018)* CATÁLOGO DE YACIMIENTOS DE HUESCA (110-111), por Manuel Bea Martínez (Coordinador) *Editado por el De...